19 diciembre 2005

La erronea percepci�n del mundo

Siempre he sabido que somos tal cual nos educan y que en base a esa educaci�n nos relacionaremos con el mundo que nos rodea. Si nos educamos en el amor a los animales es f�cil que ya como adultos poseamos alguna mascota, si nos educan en el valor del trabajo seremos infatigables, y si nos ense�an que es posible escaquearse del trabajo y conseguir llevarse los m�ritos del esfuerzo de los dem�s, entonces, no seremos precisamente ejemplos a seguir.

El problema llega cuando tenemos que aprender valores como la convivencia. Si el barro de al lado esta lleno de gente malvada, ruidosa, gamberra, v�ndala, etc... es normal que al llegar a cierta odiemos a los vecinos de barrio. Y estar� justificado, esa gentuza tan solo merece nuestro desprecio.

�Y si lo que sabemos de los del otro barrio no es la verdad si no lo que nos cuentan? No podemos diferenciar una verdad de una mentira a priori. Necesitamos una referencia, una experiencia legal, una base l�gica o una persona de confiana que nos lo asegure. Pero no hay base l�gica que nos diga si los vecinos son buenos o malos, no iremos a comprobarlo en persona si tan malos son y desde luego la persona de confianza es la que nos est� contando la mentira. Es decir, que desarrollaremos el mismo odio que en el primero caso solo que en este caso esta injustificado. Y el da�o ya esta hecho.

Y si es tan f�cil odiar al vecino, igual de f�cil es tener un odio irracional hacia la gente de otra etnia, de otro estrato social, de otro pais o de cualquier otra condici�n. Y como contra este tipo de odio no se puede confiar a ciegas en los dem�s ni aplicar un sistema l�gico no me queda m�s remedio que recomendar el conocimiento pr�ctico para evitar este tipo de errores tan comunes en la humanidad.

2 comentarios:

Crisis dijo...

Supongo que si te han educado bien no caer�s en la tentaci�n de tener prejuicios que es precisamente eso: juzgar antes de conocer de primera mano...
Besitos/***

Ignacio dijo...

Como dijo alguien YO SOY YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS, nunca mejor dicho.