03 febrero 2006

Las tierras yermas

Durante diecisiete generaciones la capital de Corrin estuvo ubicada en el centro del mismo. La negra Gravizar y sus muros de obsidiana fueron el orgullo de los corrianos, y la envidia de cientos pueblos. El �ltimo se�or de los dragones de Akenor sobrevol� Corrin hace hoy cien a�os y en su majestuoso vuelo derram� dos lagrimas. Una de emoci�n al ver a los soldados sobre los muros, defendiendo a la poblaci�n que se guarec�a en sus casas blancas con techos de vivos colores, rojos, azules, verdes, los hermosos jardines de la ciudad con sus fuentes manando el agua del mismo color de la vida y en el centro el palacio del emperador, blanco como la sal. La segunda lagrima fue de pena, al comprender que aquella obra de arte habitada por humanos ten�a que ser destruida. Si un rayo proviniente de lo m�s alto de la torre del emperador no hubiera acabado con su vida Akenor hubiera seguido llorando y quiz� la guerra no hubiese comenzado.

Desde la distancia el ejercito de los dragones observ� a su se�or desplomarse como un meteorito por el extremo septentrional de Gravizar, fulminado por el rayo hab�a seguido la misma trayectoria sin batir ni una sola vez las alas y golpe� la tierra con su enorme cuerpo en las mismas afueras de la ciudad. Siguiendo el plan concebido, tras alzar el vuelo en se�al de su nuevo liderato, Mekenor dirigi� el ataque de los dragones contra Gravizar con la �nica intenci�n de exterminar aquella ciudad y a todos sus habitantes.

El choque entre dragones y hombres ha dado lugar cantos y leyendas, las haza�as individuales se cuentan en ambos bandos y tan s�lo unas docenas de hombres sobrevivieron, La batalla fue r�pidamente capitaneada por los magos del ejercito, lograron infligir m�s bajas y salvar m�s vidas que cualquier otra unidad de soldados. Persiguieron a los dragones al norte y al sur de Gravizar haciendolos retroceder hasta la frontera del reino y exterminando hasta al �ltimo de ellos. El fuego fue combatido con fuego, con la furia de los elementos, con nubes de veneno. Muchos murieron para dar fuerza a sus hechizos y el precio fue muy elevado. Una franja de doce leguas de ancha cruza toda Corrin de norte a sur y en ella no existe la vida. Sin vegetaci�n, sin fauna, tan solo la piedra y la arena reciben a aqu�l que se atreve a cruzarla. Esta franja es conocida hoy como las tierras yermas y aqu�l que se aventure a cruzarlas puede encontrar un tr�gico final v�ctima de trampas olvidadas y de esp�ritus que siguen batallando despu�s de la muerte.

2 comentarios:

Ignacio dijo...

Sigue tio no te pares.

josuered dijo...

Hombre, un poco de moderaci�n en esos comentarios que van a pensar cosas raras :D