22 marzo 2006

Combate con un dios.

La arena de la elección consiste en un círculo con un radio de diez pasos sin más marcas que un círculo negro, del tamaño de una mano, que señala el centro de la arena. En ella hay ahora mismo dos combatientes: Mako, octavo hijo del rey y aspirante al trono, vestido con un simple pantalón largo de seda y armado con una gran cimitarra. Frente a el, vestido con una cota de malla negra, un yelmo negro simulando la cabeza de una pantera y dos espadas gemelas, se encuentra una encarnación del dios Beor. El combate es claramente desigual y Beor lleva un rato burlándose de Mako, causándole leves heridas y marcando golpes claramente mortales sin llegar a asestarlos. Mako respira con dificultad por el agotamiento, le invade una frustración que le impide concentrarse y le sangra el cuerpo por una docena de sitios distintos. De los pocos espectadores de este duelo que probará si Mako es digno de suceder a su padre o si encontrará la muerte a manos de Beor tan sólo uno no parece prestar su atención, es el sumo sacerdote de la orden de Beor, que prepara, junto a su primer acólito, el final del duelo.

- La mezcla sagrada esta lista, joven Lurien -

Pero Lurien tiene la mirada fija en la arena y una mirada de preocupación marca su semblante. El anciano sacerdote recoge el cuenco con la mezcla con una de sus viejas pero diestras manos mientras que con la otra toca a Lurien en el hombro y, llamando su atención, le pregunta:

- ¿Por qué tienes esa cara? ¿Acaso hay algo que te preocupa? -

- Sumo sacerdote ¿por qué Beor se molesta en combatir con Mako? Sería mucho más rápido que lo fulminara con un rayo, o incluso que acabara ya esta lucha.

- ¿Crees que Beor quiere matar a Mako? - una sonrisa de esas que esconde un secreto se va dibujando en el rostro del anciano.

- Ha matado a otros siete hermanos, con todos hizo lo mismo, combatir hasta que los agotó y después decapitarlos. Y este duelo acabará igual.

- Mi buen Lurien, Beor no combate para matar, combate para probar al sucesor del rey, para ver si es digno de portar la corona.

- Es imposible vencer a un dios en una batalla singular, ningún hijo de mujer podría conseguirlo - Lurien vuelve a mirar la arena para comprobar que, efectivamente, Mako esta agotado, apenas se tiene en pie y la mirada en sus ojos revela su total derrota frente al ser que permanece inmaculado frente a el y que parece prepararse para dar el golpe mortal.

- El nuevo rey, al igual que todos sus predecesores, debe creer en sí mismo, debe tener fe en sus posibilidades. Sólo si cree que es capaz de vencer a Beor pasará la prueba. -

En ese momento Beor comienza el que será el último golpe, la mirada de Mako se fija en él y va pasando del abandono a la ira, agacha la cabeza para evitar la inminente decapitación y con un ataque de rabia clava la cimitarra en el pecho de Beor. El público contiene la respiración mientras Beor retrocede, sacándose así el arma de su cuerpo, guarda una de sus espadas y la otra, mientras la sostiene en su mano derecha, se transforma en una corona que deja a los pies de Mako antes de desaparecer.

- Vamos, joven Lurien, el nuevo rey debe ser ungido con la mezcla y llevado ante su pueblo. - Y mientras el sacerdote y el acólito se aproximan a la fatigada pero orgullosa figura que se arrodilla ante su nueva corona las expresiones de admiración van surgiendo de más allá de la arena como las lágrimas que recorren el rostro de Ciar, padre de Mako.


Nota del Autor: No me ha gustado nada como se ha quedado, no se si ha sido el experimento de narrarlo en presente o que soy tan torpe con las palabras como con el balón de fútbol. Se agradece cualquier crítica, incluso las destructivas.

9 comentarios:

Ignacio dijo...

A mi parece estupendo,que te cagas.
Primero pense en si seria una inspiracion del combate a muerte que este fin de semana se celebrara en las playas de los alcazares entre el Dios del "metal" Don Mario,armado con su katana de madera y su tanga de leopardo,contra los dos pipiolos hijos del hombre (el Negro y el que firma),que solo cuentan con sus piernas.

Pero que muy bueno,no se inventa un final feliz para los pobres pipiolos.

Meg dijo...

Es el principio perfecto para una obra de mayor extensión.

Deja atrás tus miedos y sigue con ella.

Ignacio dijo...

Para inspirarte ya te contare como el Dios del madero (Mario),nos curte este finde.

Negro-especialista dijo...

Sabes que yo he leido cientos de libros de este tipo. El inicio me recuerda al "Elfo Oscuro" de R.A. Salvatore (por lo de las cimitarras). He de decir que está muy bien narrado y es una historia muy prometedora, me ha gustado mucho.

josuered dijo...

Querido Negro:

¿Dónde pone cientos has quitado los repes? No me hagas trampas que no hay medalla :D

El elfo oscuro lo tengo en montón de los pendientes. Se que no debería pero algunos tienen a la Sandra Bullock en un montón y no pasa nada. Lo de la cimitarra creo que es porque he estado jugando al Príncipe de Persia y se me quedó la imagen.

Parece que soy el único al que no le acaba de gustar...

Ignacio dijo...

Pero que dices Josue,sigue la histaria,no jorobes,dale mas,que la histora lo merece.

Negro-Plagio dijo...

Para seguir la historia has de meter a unos "enanos" que tienen que destruir un anillo para salvar la Tierra de Enmendio, un mago con barba blanca, bastón y gorro y un puñado de guerreros.

Ignacio dijo...

Eso me suena, NO¡

Ignacio dijo...

Pero en serio continua.